lunes, 14 de marzo de 2011

"El Kebab vino y se quedó"

Alba Garruiz

El kebab vino y se quedó. Al igual que Adnan Nazir, un pakistaní de 21 años que trabaja en un establecimiento de Döner Kebab en el madrileño barrio de Moncloa.

"Vine hace seis años de vacaciones con mi familia, me gustó España y me quedé con mi tío. Él ya vivía aquí", explica.
Como este joven, los kebab, como plato y como local donde los sirven, llegaron hace algunos años y han pasado a ser habituales en las calles. Sin estadísticas fiables que recojan datos, se puede contemplar el aumento del número de estos establecimientos en pocos años.

Además se han constituido como rivales principales de, los también muy populares, negocios de comida rápida.
Según Nazir, "Este local tiene más de 10 años. Yo llevo tres trabajando aquí, y ahora hay muchos más Kebab que hace dos años. Donde había 2 ahora hay 8 ó 10."

Adnan Nazir trabaja para financiarse sus estudios, "Allí estudiaba. Luego vine con mis padres y me gustó el país. Como era menor de edad sólo iba a clase pero ahora tengo también que trabajar".

Adnan cursa la carrera de informática en la universidad y combina sus estudios con el trabajo. "Somos cuatro chicos, todos extranjeros, y nos repartimos los horarios. Hacemos la jornada normal de ocho horas, y todos estamos regulados", continúa.

Pero su caso es excepcional. "Normalmente viene gente de todos los países, de Bangladesh y turcos sobre todo, pero son gente que tienen allí una buena economía y quieren ampliar sus empresas en otros países", expone.
Sin embargo, los kebab son difíciles de abrir porque requieren mucha inversión inicial. Por eso, según Nazir "primero montan otros negocios, de alimentos o locutorios y luego abren los kebab".

Asimismo, declara poseer una clientela de lo más diversa, "vienen desde gente de 15 años a 30, incluso de 50 años".
Y es que se han popularizado. La carne llega, en la mayoría de los casos, desde Alemania, y pasa los controles y certificados de calidad correspondientes.

Al fin y al cabo, "son un producto sano, limpio y además, barato (…) la gente no pide más".

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